viernes, 6 de febrero de 2015

Hartazgo y deseo

Los periódicos provinciales hablan del “peor temporal de los últimos 25 años”, porque la nieve ha complicado hasta lo indecible la vida de muchas personas, llegando a ser un problema serio, fuera de las pistas de esquí o en los tejados a los que adorna y confiere un aspecto único, pero debajo de las ruedas del coche ya no es tan bonita. Y es que la nieve, en ocasiones muy deseada, cansa rápido.
En mi caso, me gusta verla desde la ventana mientras imagino alguna historia que contar, pasear bajo los copos que caen lentamente, hacer fotos o jugar un rato con ella. Pero no me gusta que forme parte de mi vida y me la complique en esos momentos en los que tengo que coger el coche o hacer algo; esos momentos en los que no me apetece estar a su lado.

Así, a veces, se convierte en algo deseado por quienes apenas pueden disfrutarla. En La Bañeza, ciudad donde vivo al sur de León, apenas se ha dejado notar su presencia más allá de unos pocos copos que desaparecen al tomar contacto con el suelo; pero cuando una provincia se encuentra en alerta y los servicios de emergencia están colapsados, las carreteras cortadas, el tráfico ferroviario suspendido y hay personas atrapadas por ella… llega a convertirse en algo no tan querido.

martes, 6 de enero de 2015

Roscón de Reyes, con nata, crema y mucha imaginación

Imagen de http://srlegua.com/Blog/wp-content/uploads/2013/01/Roscón-de-Reyes.jpg
Artículo publicado en Ibañeza.es
Lo que tengo claro, desde hace unos cuantos años que vivo aquí, es que la imaginación de los bañezanos no tiene límites; quien no me crea que eche un vistazo a nuestra fiesta más popular -el carnaval- y verá que no exagero. Pero hoy no voy a hablar de caretas ni disfraces, que para hablar del carnaval nos quedan muchos días y todavía hemos de quemar los últimos cartuchos de la Navidad que, aunque están tocando a su fin, todavía le quedan algunos coletazos.
Decía que la imaginación de los bañezanos no tiene límites, y es que al filo de la fama merecida que ha adquirido el roscón de Reyes en todos los rincones de España, nadie quiere quedarse sin probar uno de esos roscones con apellido bañezano que cruzan todas las fronteras gracias al boca a boca, a la repercusión mediática y a ese deseo de ser el ganador del atractivo premio que contiene. Es mencionar la palabra ‘roscón’, y da igual que sea de nata que de crema; enseguida se piensa en La Bañeza, aunque estos días los hagan en las confiterías de toda España y la receta sea la misma o similar.
Pero cada confitero tiene su truquillo y en La Bañeza todos tienen esa idea original para llamar la atención del consumidor, así en cada establecimiento que fabrica el típico dulce navideño entre sus ingredientes queda un lugar para la imaginación para ofrecer cada año a sus clientes suficientes razones para adquirir el suyo y no el de otra firma comercial. Y saben que el cliente, siempre sobrado de inteligencia, tiene sus gustos, razones o manías y la libertad de elegir el rosco que se llevará para su casa.
Y es que, como clientes hay de todos los gustos, llegar a todos no es tarea fácil. Unos se dejan guiar por el más llamativo – económicamente hablando- y apuestan por la tradición al tiempo que sueñan con ser poseedores del suculento vale de los 6.000 euros. Otros, seducidos por la magia de su eslogan –ese que dice que es el más rico del mundo-, prefieren esquivar las colas y apostar por un roscón con figurita de las de toda la vida y que el único premio sea la calidad empleada en la materia prima, además de un atractivo descuento en la compra.
Pero La Bañeza en estas fechas se convierte cada año en el punto de referencia en roscones. Hay maestros confiteros que pasan más desapercibidos aunque de sus obradores también salen roscones de gran calidad, quizás porque se solidarizan con los más necesitados, por ser un claro ejemplo de apuesta por la perfección sin más incentivo que la demostrada en los años de experiencia, otros con vales para canjear en establecimientos de la ciudad y apoyo al comercio local o escondiendo vales de jamones entre la masa.
La cuestión es que en La Bañeza cualquier idea es posible a la hora de incentivar las ventas y seducir al cliente indeciso y, cuando de roscones de Reyes se trata, está demostrado que la iniciativa la llevan los empresarios bañezanos, que no hay nada que se les ponga por delante. Sólo tienen que repartirse la clientela -cada vez mayor- y hacer de su roscón o de cualquier otro artículo ese objeto de deseo del cliente indeciso. ¿Cómo? A los empresarios bañezanos les sobra imaginación para llegar al cliente; y para hacer que se quede, para siempre.

jueves, 1 de enero de 2015

La nieve, la ilusión y la magia de la Navidad

Imagen de Imagenespedia.com
(Cuento de Navidad) Publicado en Ibañeza.es
María, como todos los niños de su colegio, les había escrito la carta a los Reyes; esa que repartía el paje de su tienda favorita al salir de clase, incluso se había sentado en las rodillas de Papá Noel y le había dicho al oído que este año no quería juguetes, sino leche y comida para su hermanito pequeño y una gran nevada para retenerla en su retina y jugar con su papá haciendo muñecos de nieve. Le había hecho prometer que los juguetes se los llevaría a otros niños que no tuvieran, porque ella no los necesitaba.
Sospechaba que este año tanto Papá Noel, como los Reyes Magos no pasarían por su casa porque no había pedido nada y como había oído algo sobre la procedencia de los regalos, era prudente a la hora de soñar. Su padre llevaba sin trabajar casi dos años y, dada la situación económica por la que estaba atravesando su familia no podría esperar regalos, aunque nada le impedía soñar con las muñecas más llamativas del catálogo y con algunos de los juguetes que veía cada día al ir al colegio en la juguetería.
-Este año la Navidad será distinta- se decía a sí misma María una y otra vez. Desde su sentido común, conocía la situación familiar como una persona mayor y sólo podía pensar en la trágica situación que se estaba haciendo demasiado larga, pero su mente de nueve años, la invitaba constantemente a soñar con la magia de la Navidad, ilusionarse y quedarse mirando cada día el escaparate de la tienda de juguetes, como lo haría cualquier niña de su edad.
-No podré dejarle leche a los camellos, ni turrones a los Reyes, ni me levantaré mañana corriendo esperando encontrar algún regalo bajo el árbol- pensaba María, limpiándose una lágrima que resbalaba por su mejilla. Su madre la miraba desde la cocina, mientras hacía unos tediosos arreglos de costura por unos pocos euros y pensaba en “algo” para poder hacerle un muñeco de trapo, o una fofucha de esas tan bonitas. –Si tuviera internet, podría encontrar algún DIY para quitarle esa melancolía del rostro y darle una sorpresa- pensaba, pero no puede ser, y no se me ocurre nada.
La mañana de Navidad María se despertó temprano y se asomó a la ventana para ver si había nevado, -era el regalo que había pedido esta Navidad-, y una gran sonrisa iluminó su rostro cuando vio un gran manto blanco sobre los tejados. Ahí estaba su regalo: jugar en la calle, construir un muñeco de nieve gigante con la ayuda de su padre y organizar una batalla de bolas de nieve y patinar y, y, y… De pronto se fijó en una caja que había en la entrada de casa, la rodeó con sus brazos y no pudo contener las lágrimas al ver, dentro de la caja, la muñeca del escaparate.
-La magia de la Navidad- pensó María y salió a la calle, feliz, con su muñeca fijándose en las huellas de unas botas marcadas en la nieve. Pensó que había sido Papá Noel quien, contra sus sospechas, había visitado su casa como cada Navidad, decidió seguir el rastro de las pisadas para ver dónde se dirigían, y llegó a la tienda de juguetes justo en el momento en que Elena y Jose, los dueños de la tienda, se quitaban las barbas y la vestimenta roja para dirigirse a su casa. Ya no le quedaba ninguna duda. Era demasiado evidente que ellos habían dejado la muñeca en casa poco antes del amanecer; por si a Papá Noel no le daba tiempo.

viernes, 28 de noviembre de 2014

700 nombres de mujer
Texto y foto: Mª Ángeles C.
Ésta es mi humilde aportación al recital poético "En boca de mujer" que se celebró en La Bañeza con motivo del día contra la violencia de género, en el cual tuve la oportunidad de participar con dos poemas de mi puño y letra; éste es uno de ellos.

Son casi 700  nombres de mujer
ocupando vagamente las páginas de sucesos.

Casi 700 las mujeres asesinadas en diez años,
las familias rotas por el dolor,
por la rabia, la impotencia, el miedo;
dejando una huella detrás de cada cifra,
una vida truncada, unos sueños rotos.

En cada una de esas casas, detrás de cada puerta;
hay una noticia con nombre de mujer,
una historia detrás de cada nombre
un asesino escondido tras una vida normal.
Una cruel venganza, un abuso de poder,
unos celos desmedidos,
una locura circunstancial, un arrebato
y otro nombre de mujer.

Una mujer que sufre, que tiene miedo,
que llora en silencio, que adivina un trágico final.
Una noticia con nombre de mujer, con rostro de mujer;
una cifra que engrosará aún más las listas oficiales,
con uno de esos 700 nombres de mujer.

Día a día las cifras crecen,
imparables:
una, dos, tres, cuatro, cinco… 45.
Cada año recordamos a otras tantas,
 y nos reunimos aquí para gritar ¡Basta!
con su nombre escrito en una hoja de papel,
con una flor, una vela, una silla vacía,
con un lazo morado en señal de repulsa
y con la rabia grabada en nuestras caras.

En cada uno de esos nombres estamos nosotras:
nosotras y todos los que estamos aquí,
leyendo unos versos o pronunciando su nombre,
uno de esos nombres de mujer;
un nombre de amiga, de hermana, de madre, de mujer;
o quizás solo una desconocida entre esas 700,
esos 700 nombres de mujer.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Esta Navidad regala un DIY

Artículo publicado en Ibañeza.es

Es curioso recordar como hace años todo lo que se hacía en casa, bien por uno mismo, o por aquella tía que tenía cierta habilidad con la costura era considerado como algo burdo, tosco y sin encanto. Rápidamente se le colocaba la etiqueta de “se nota que es casero”, con un tono despectivo y dando a entender que por el simple hecho de estar hecho a mano, aquel artículo que a primera vista resultaba original o atractivo dejaba de ser bonito y pasaba a ser considerado un objeto de segunda.

En cambio, en pleno siglo XXI y tal vez provocado por la crisis que ha vuelto a poner de moda esas viejas costumbres de hacer las cosas uno mismo y ahorrar algunas monedas, quienes tenían esas habilidades pasaron a ser admirados y en cierto modo envidiados por quienes no sabían más que cambiar una bombilla, pero aquello del “acabado casero” se seguía dejando entrever cuando había que evaluar alguna de aquellas reliquias con olor a naftalina y con un historial de agotamiento de paciencia y demasiadas horas de trabajo.

Hasta que llegó la moda del DIY –para los ajenos a este mundo modernil, “do it yourself”, hazlo tú mismo- que llegó casi de la mano de la regla de las tres erres (reducir, reciclar, reutilizar). Así el hecho de transformar un pantalón viejo en una falda nueva, de volver a dar vida útil al viejo jersey con unos simples cambios, o de hacer bisutería con botellas de plástico, anillas metálicas o cápsulas de café, comenzó a ser visto con otros ojos: los ojos de la modernidad, la ecología o la exclusividad. Así fue cómo las estanterías se llenaron de artesanía y de materiales para dar vida a todo lo imaginable.

Pero como para imitar a la costurera de la tele hace falta mucho más que una máquina de coser, unos útiles de costura y un par de manos, sólo hay dos formas para hacerse con un artículo procedente de un DIY: buscar uno a la medida de la habilidad personal en los tutoriales y clases prácticas que pululan por la red, o adquirirlo ya hecho en algún mercadillo, aprovechando el tirón que tiene lo vintage y la variedad de artículos para elegir y, en la medida de lo posible, adjudicarse el mérito de su creación.

Y en estas fechas en las que el hecho de regalar algo es casi una obligación, una buena idea puede ser esa: hacerse con uno de esos –casi- exclusivos objetos que se exhiben ante el público o ponerse manos a la obra delante del ordenador a las órdenes de la última gurú con desparpajo que dice ser experta en asuntos de esta índole, armarse de paciencia y esperar a ver qué sale. Quizás esta Navidad sea el momento de regalar un DIY.

viernes, 11 de octubre de 2013

… Y aunque sea entre líneas, todo está en el cartel


Imagen de http://www.ecologistasenaccion.org/article15811.html 
Artículo publicado en http://www.ibaneza.es
Antiguamente el cartel tenía un cometido muy distinto al que conocemos en la actualidad; y yo, aunque tenga que echar la vista atrás, me quedo con esos que dejaron de ser soportes meramente informativos para convertirse, de repente, en objetos de arte. Siempre me gusta buscarles “algo de eso que no está escrito”. Algunos tienen el poder de sobrevivir en la memoria al paso del tiempo, otros poseen un importante cometido más allá de la función para la que fueron creados, como el boceto que hizo posible la estatua del Carnaval.
Y es curioso que en momentos como los que estamos viviendo, en los que parece que todo está inventado, visto, dicho y colgado en internet, aparezca un cartel de esos que todavía tienen la capacidad de sorprendernos y consigue captar la atención de todo el que se tropieza con él; un cartel que tiene el poder de perdurar en el tiempo, o de que se cuele en el recetario de un maestro pastelero para terminar convertido en tarta.
En cambio hay otros carteles que pasan sin pena ni gloria. Anuncian el evento y a los pocos días ya nadie lo recuerda; nada que ver con esos que traspasan la frontera del tiempo y permanecen inalterables en la memoria de aquellos que han tenido el privilegio de observarlos. Esos carteles que dicen mucho más de lo que muestran, aunque no falte quien no vea más que lo que el cartel enseña libremente, y más allá de la imagen y esas pocas letras que informan, se esconda mucho más de lo que el autor ha querido mostrar.
Cada cartel cuenta una pequeña historia en la que el autor nos quiere hacer partícipes de todo lo que se pasa por su imaginación mientras le da vida para conseguir captar la atención y ejercer esa función informativa para la que en principio es creado. Los que tenemos el privilegio de admirarlo somos meros espectadores de esa imagen que decora las paredes y viaja por las redes sociales a gran velocidad… Y aunque no siempre nos llama la atención más allá de su mensaje escrito un buen cartel es mucho más. Sabe transmitir su mensaje a través de la imagen sin necesidad de utilizar demasiado texto, dando por válido el dicho aquel de que “una imagen vale más que mil palabras”, aunque los que tenemos el vicio de escribir sigamos siendo partidarios de las letras.
Resumiendo: carteles, lo que se dice carteles hay miles, pero un buen cartel tiene mucho más que tinta; los buenos gozan de un interesante poder de seducción. Tienen impreso más allá de lo visible una gran trayectoria artística, una historia escondida entre los trazos que lo componen, un pedazo del alma de su autor que, entre pincelada y pincelada deja entrever algo de lo que esconde en su interior, una voz sorda y silenciosa que grita todo aquello que lleva dentro, pero aunque sea entre líneas, todo está en el cartel.

domingo, 30 de junio de 2013

Tres décadas sin trenes; un futuro de color verde

Artículo publicado en Ibañeza.es
Hace unos días se dio a conocer una de esas noticias que a primera vista me gustan; y es que a veces -pocas, la verdad- los políticos hacen algo bueno y es en esos momentos en los que -haciendo las debidas excepciones, no nos vayamos a engañar- he de reconocer que su papel es necesario. Así, de vez en cuando, demuestran que trabajan y se ganan el sueldo que cobran y nos sorprenden con algo distinto a recortes, subida de impuestos o ideas descabelladas que, con todos mis respetos, de esas están ‘sobraos’.

Y aunque este tema me da la sensación que es de los que le gustan a nuestro querido Polo, al que le mando un abrazo (de los grandes), no he podido evitar echarle mano aprovechando que no todos los días se levanta uno con una noticia de este tipo en las que dan ganas de felicitar a quien ha tenido la idea después de rizar el rizo durante años, haciendo campañas electorales con la promesa de su reapertura y de prolongar innecesariamente la agonía de un trazado que llevaba casi treinta años condenado a muerte.

Cuando hace algo más de un año nos sorprendía Ibañeza.es con la noticia del expolio que estaba sufriendo parte del trazado de la Ruta de la Plata, la idea de volver a ponerla en marcha quedaba un poco más lejos, aunque los ecos de las promesas del último presidente del gobierno estuvieran presentes en la mente de cuantos soñaban con verla funcionando de nuevo, la realidad volvía a imponerse una vez más a ideas, sueños o promesas, por muy bonitas que fueran. Con la situación económica que estaba sufriendo el país, lo de volver a colocar los raíles robados y convertidos en chatarra, como que no era viable.

El caso es que en el terreno económico, posiblemente la reapertura de la Ruta de la Plata hubiera sido un buen empuje para las ciudades que atraviesa, entre ellas La Bañeza, pero está visto que no va a poder ser, por lo tanto no nos queda otro remedio que ilusionarnos con la posibilidad de reconvertirla en vía verde y hacernos a la idea de que a la estética y al turismo de la ciudad le sentará mucho mejor.

De este modo, en un futuro en el que dejaremos de soñar con ver de nuevo la vieja Ruta de la Plata para el transporte de mercancías y viajeros, con el fin de impulsar la economía, empezaremos a pensar en la esperanza de color verde de un camino natural, con el paso de peregrinos recorriendo la Vía de la Plata, con un nuevo carril bici, con árboles, jardines y quedará para siempre en nuestra memoria el lejano pitido del tren.