viernes, 13 de febrero de 2015
Carnaval de La Bañeza (León)
Imagen de www.facebook.com/pages/Ibañezaes
Casi, casi, casi está aquí el carnaval más esperado de la provincia, y en Ibañeza.es ya nos hemos puesto manos a la obra para celebrarlo como se merece: por todo lo alto. Esta tarde arrancamos metidos entre antifaces, lentejuelas de colores y los mil y un personajes que durante estos días invadirán las calles de La Bañeza. Un año más, compartiremos con todos nuestros amigos y lectores todos los detalles de la mascarada. Nos vemos por ahí, detrás de un antifaz.
viernes, 6 de febrero de 2015
Hartazgo y deseo
Imagen de La Nueva Crónica
Los
periódicos provinciales hablan del “peor temporal de los últimos 25 años”,
porque la nieve ha complicado hasta lo indecible la vida de muchas personas, llegando
a ser un problema serio, fuera de las pistas de esquí o en los tejados a los
que adorna y confiere un aspecto único, pero debajo de las ruedas del coche ya
no es tan bonita. Y es que la nieve, en ocasiones muy deseada, cansa rápido.
En mi caso,
me gusta verla desde la ventana mientras imagino alguna historia que contar,
pasear bajo los copos que caen lentamente, hacer fotos o jugar un rato con
ella. Pero no me gusta que forme parte de mi vida y me la complique en esos momentos
en los que tengo que coger el coche o hacer algo; esos momentos en los que no
me apetece estar a su lado.
Así, a
veces, se convierte en algo deseado por quienes apenas pueden disfrutarla. En
La Bañeza, ciudad donde vivo al sur de León, apenas se ha dejado notar su
presencia más allá de unos pocos copos que desaparecen al tomar contacto con el
suelo; pero cuando una provincia se encuentra en alerta y los servicios de
emergencia están colapsados, las carreteras cortadas, el tráfico ferroviario
suspendido y hay personas atrapadas por ella… llega a convertirse en algo no
tan querido.
martes, 6 de enero de 2015
Roscón de Reyes, con nata, crema y mucha imaginación
Imagen de http://srlegua.com/Blog/wp-content/uploads/2013/01/Roscón-de-Reyes.jpg
Artículo publicado en Ibañeza.es
Lo que tengo claro, desde hace unos cuantos años que vivo aquí, es que la imaginación de los bañezanos no tiene límites; quien no me crea que eche un vistazo a nuestra fiesta más popular -el carnaval- y verá que no exagero. Pero hoy no voy a hablar de caretas ni disfraces, que para hablar del carnaval nos quedan muchos días y todavía hemos de quemar los últimos cartuchos de la Navidad que, aunque están tocando a su fin, todavía le quedan algunos coletazos.
Decía que la imaginación de los bañezanos no tiene límites, y es que al filo de la fama merecida que ha adquirido el roscón de Reyes en todos los rincones de España, nadie quiere quedarse sin probar uno de esos roscones con apellido bañezano que cruzan todas las fronteras gracias al boca a boca, a la repercusión mediática y a ese deseo de ser el ganador del atractivo premio que contiene. Es mencionar la palabra ‘roscón’, y da igual que sea de nata que de crema; enseguida se piensa en La Bañeza, aunque estos días los hagan en las confiterías de toda España y la receta sea la misma o similar.
Pero cada confitero tiene su truquillo y en La Bañeza todos tienen esa idea original para llamar la atención del consumidor, así en cada establecimiento que fabrica el típico dulce navideño entre sus ingredientes queda un lugar para la imaginación para ofrecer cada año a sus clientes suficientes razones para adquirir el suyo y no el de otra firma comercial. Y saben que el cliente, siempre sobrado de inteligencia, tiene sus gustos, razones o manías y la libertad de elegir el rosco que se llevará para su casa.
Y es que, como clientes hay de todos los gustos, llegar a todos no es tarea fácil. Unos se dejan guiar por el más llamativo – económicamente hablando- y apuestan por la tradición al tiempo que sueñan con ser poseedores del suculento vale de los 6.000 euros. Otros, seducidos por la magia de su eslogan –ese que dice que es el más rico del mundo-, prefieren esquivar las colas y apostar por un roscón con figurita de las de toda la vida y que el único premio sea la calidad empleada en la materia prima, además de un atractivo descuento en la compra.
Pero La Bañeza en estas fechas se convierte cada año en el punto de referencia en roscones. Hay maestros confiteros que pasan más desapercibidos aunque de sus obradores también salen roscones de gran calidad, quizás porque se solidarizan con los más necesitados, por ser un claro ejemplo de apuesta por la perfección sin más incentivo que la demostrada en los años de experiencia, otros con vales para canjear en establecimientos de la ciudad y apoyo al comercio local o escondiendo vales de jamones entre la masa.
La cuestión es que en La Bañeza cualquier idea es posible a la hora de incentivar las ventas y seducir al cliente indeciso y, cuando de roscones de Reyes se trata, está demostrado que la iniciativa la llevan los empresarios bañezanos, que no hay nada que se les ponga por delante. Sólo tienen que repartirse la clientela -cada vez mayor- y hacer de su roscón o de cualquier otro artículo ese objeto de deseo del cliente indeciso. ¿Cómo? A los empresarios bañezanos les sobra imaginación para llegar al cliente; y para hacer que se quede, para siempre.
jueves, 1 de enero de 2015
La nieve, la ilusión y la magia de la Navidad
Imagen de Imagenespedia.com
(Cuento de Navidad) Publicado en Ibañeza.es
María, como todos los niños de su colegio, les había escrito la carta a los Reyes; esa que repartía el paje de su tienda favorita al salir de clase, incluso se había sentado en las rodillas de Papá Noel y le había dicho al oído que este año no quería juguetes, sino leche y comida para su hermanito pequeño y una gran nevada para retenerla en su retina y jugar con su papá haciendo muñecos de nieve. Le había hecho prometer que los juguetes se los llevaría a otros niños que no tuvieran, porque ella no los necesitaba.
Sospechaba que este año tanto Papá Noel, como los Reyes Magos no pasarían por su casa porque no había pedido nada y como había oído algo sobre la procedencia de los regalos, era prudente a la hora de soñar. Su padre llevaba sin trabajar casi dos años y, dada la situación económica por la que estaba atravesando su familia no podría esperar regalos, aunque nada le impedía soñar con las muñecas más llamativas del catálogo y con algunos de los juguetes que veía cada día al ir al colegio en la juguetería.
-Este año la Navidad será distinta- se decía a sí misma María una y otra vez. Desde su sentido común, conocía la situación familiar como una persona mayor y sólo podía pensar en la trágica situación que se estaba haciendo demasiado larga, pero su mente de nueve años, la invitaba constantemente a soñar con la magia de la Navidad, ilusionarse y quedarse mirando cada día el escaparate de la tienda de juguetes, como lo haría cualquier niña de su edad.
-No podré dejarle leche a los camellos, ni turrones a los Reyes, ni me levantaré mañana corriendo esperando encontrar algún regalo bajo el árbol- pensaba María, limpiándose una lágrima que resbalaba por su mejilla. Su madre la miraba desde la cocina, mientras hacía unos tediosos arreglos de costura por unos pocos euros y pensaba en “algo” para poder hacerle un muñeco de trapo, o una fofucha de esas tan bonitas. –Si tuviera internet, podría encontrar algún DIY para quitarle esa melancolía del rostro y darle una sorpresa- pensaba, pero no puede ser, y no se me ocurre nada.
La mañana de Navidad María se despertó temprano y se asomó a la ventana para ver si había nevado, -era el regalo que había pedido esta Navidad-, y una gran sonrisa iluminó su rostro cuando vio un gran manto blanco sobre los tejados. Ahí estaba su regalo: jugar en la calle, construir un muñeco de nieve gigante con la ayuda de su padre y organizar una batalla de bolas de nieve y patinar y, y, y… De pronto se fijó en una caja que había en la entrada de casa, la rodeó con sus brazos y no pudo contener las lágrimas al ver, dentro de la caja, la muñeca del escaparate.
-La magia de la Navidad- pensó María y salió a la calle, feliz, con su muñeca fijándose en las huellas de unas botas marcadas en la nieve. Pensó que había sido Papá Noel quien, contra sus sospechas, había visitado su casa como cada Navidad, decidió seguir el rastro de las pisadas para ver dónde se dirigían, y llegó a la tienda de juguetes justo en el momento en que Elena y Jose, los dueños de la tienda, se quitaban las barbas y la vestimenta roja para dirigirse a su casa. Ya no le quedaba ninguna duda. Era demasiado evidente que ellos habían dejado la muñeca en casa poco antes del amanecer; por si a Papá Noel no le daba tiempo.
viernes, 28 de noviembre de 2014
700 nombres de mujer
Texto y foto: Mª Ángeles C.
Ésta es mi humilde aportación al recital poético "En boca de mujer" que se celebró en La Bañeza con motivo del día contra la violencia de género, en el cual tuve la oportunidad de participar con dos poemas de mi puño y letra; éste es uno de ellos.
Ésta es mi humilde aportación al recital poético "En boca de mujer" que se celebró en La Bañeza con motivo del día contra la violencia de género, en el cual tuve la oportunidad de participar con dos poemas de mi puño y letra; éste es uno de ellos.
Son casi 700
nombres de mujer
ocupando
vagamente las páginas de sucesos.
Casi 700 las
mujeres asesinadas en diez años,
las familias
rotas por el dolor,
por la
rabia, la impotencia, el miedo;
dejando una huella
detrás de cada cifra,
una vida
truncada, unos sueños rotos.
En cada una
de esas casas, detrás de cada puerta;
hay una
noticia con nombre de mujer,
una historia
detrás de cada nombre
un asesino escondido
tras una vida normal.
Una cruel
venganza, un abuso de poder,
unos celos
desmedidos,
una locura
circunstancial, un arrebato
y otro
nombre de mujer.
Una mujer
que sufre, que tiene miedo,
que llora en
silencio, que adivina un trágico final.
Una noticia
con nombre de mujer, con rostro de mujer;
una cifra que
engrosará aún más las listas oficiales,
con uno de
esos 700 nombres de mujer.
Día a día
las cifras crecen,
imparables:
una, dos,
tres, cuatro, cinco… 45.
Cada año recordamos
a otras tantas,
y nos reunimos aquí para gritar ¡Basta!
con su
nombre escrito en una hoja de papel,
con una
flor, una vela, una silla vacía,
con un lazo
morado en señal de repulsa
y con la rabia
grabada en nuestras caras.
En cada uno
de esos nombres estamos nosotras:
nosotras y
todos los que estamos aquí,
leyendo unos
versos o pronunciando su nombre,
uno de esos nombres
de mujer;
un nombre de
amiga, de hermana, de madre, de mujer;
o quizás
solo una desconocida entre esas 700,
esos 700
nombres de mujer.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Esta Navidad regala un DIY
Artículo publicado en Ibañeza.es
Es curioso recordar como hace años todo lo que se hacía en casa, bien por uno mismo, o por aquella tía que tenía cierta habilidad con la costura era considerado como algo burdo, tosco y sin encanto. Rápidamente se le colocaba la etiqueta de “se nota que es casero”, con un tono despectivo y dando a entender que por el simple hecho de estar hecho a mano, aquel artículo que a primera vista resultaba original o atractivo dejaba de ser bonito y pasaba a ser considerado un objeto de segunda.
En cambio, en pleno siglo XXI y tal vez provocado por la crisis que ha vuelto a poner de moda esas viejas costumbres de hacer las cosas uno mismo y ahorrar algunas monedas, quienes tenían esas habilidades pasaron a ser admirados y en cierto modo envidiados por quienes no sabían más que cambiar una bombilla, pero aquello del “acabado casero” se seguía dejando entrever cuando había que evaluar alguna de aquellas reliquias con olor a naftalina y con un historial de agotamiento de paciencia y demasiadas horas de trabajo.
Hasta que llegó la moda del DIY –para los ajenos a este mundo modernil, “do it yourself”, hazlo tú mismo- que llegó casi de la mano de la regla de las tres erres (reducir, reciclar, reutilizar). Así el hecho de transformar un pantalón viejo en una falda nueva, de volver a dar vida útil al viejo jersey con unos simples cambios, o de hacer bisutería con botellas de plástico, anillas metálicas o cápsulas de café, comenzó a ser visto con otros ojos: los ojos de la modernidad, la ecología o la exclusividad. Así fue cómo las estanterías se llenaron de artesanía y de materiales para dar vida a todo lo imaginable.
Pero como para imitar a la costurera de la tele hace falta mucho más que una máquina de coser, unos útiles de costura y un par de manos, sólo hay dos formas para hacerse con un artículo procedente de un DIY: buscar uno a la medida de la habilidad personal en los tutoriales y clases prácticas que pululan por la red, o adquirirlo ya hecho en algún mercadillo, aprovechando el tirón que tiene lo vintage y la variedad de artículos para elegir y, en la medida de lo posible, adjudicarse el mérito de su creación.
Y en estas fechas en las que el hecho de regalar algo es casi una obligación, una buena idea puede ser esa: hacerse con uno de esos –casi- exclusivos objetos que se exhiben ante el público o ponerse manos a la obra delante del ordenador a las órdenes de la última gurú con desparpajo que dice ser experta en asuntos de esta índole, armarse de paciencia y esperar a ver qué sale. Quizás esta Navidad sea el momento de regalar un DIY.
viernes, 11 de octubre de 2013
… Y aunque sea entre líneas, todo está en el cartel
Imagen de http://www.ecologistasenaccion.org/article15811.html
Artículo publicado en http://www.ibaneza.es
Antiguamente el cartel tenía un
cometido muy distinto al que conocemos en la actualidad; y yo, aunque tenga que
echar la vista atrás, me quedo con esos que dejaron de ser soportes meramente
informativos para convertirse, de repente, en objetos de arte. Siempre me gusta
buscarles “algo de eso que no está escrito”. Algunos tienen el poder de
sobrevivir en la memoria al paso del tiempo, otros poseen un importante
cometido más allá de la función para la que fueron creados, como el boceto que hizo
posible la estatua del Carnaval.
Y es curioso que en momentos como
los que estamos viviendo, en los que parece que todo está inventado, visto,
dicho y colgado en internet, aparezca un cartel de esos que todavía tienen la
capacidad de sorprendernos y consigue captar la atención de todo el que se
tropieza con él; un cartel que tiene el poder de perdurar en el tiempo, o de
que se cuele en el recetario de un maestro pastelero para terminar convertido en
tarta.
En cambio hay otros carteles que pasan
sin pena ni gloria. Anuncian el evento y a los pocos días ya nadie lo recuerda;
nada que ver con esos que traspasan la frontera del tiempo y permanecen
inalterables en la memoria de aquellos que han tenido el privilegio de observarlos.
Esos carteles que dicen mucho más de lo que muestran, aunque no falte quien no
vea más que lo que el cartel enseña libremente, y más allá de la imagen y esas
pocas letras que informan, se esconda mucho más de lo que el autor ha querido
mostrar.
Cada cartel cuenta una pequeña
historia en la que el autor nos quiere hacer partícipes de todo lo que se pasa
por su imaginación mientras le da vida para conseguir captar la atención y
ejercer esa función informativa para la que en principio es creado. Los que
tenemos el privilegio de admirarlo somos meros espectadores de esa imagen que decora
las paredes y viaja por las redes sociales a gran velocidad… Y aunque no
siempre nos llama la atención más allá de su mensaje escrito un buen cartel es
mucho más. Sabe transmitir su mensaje a través de la imagen sin necesidad de
utilizar demasiado texto, dando por válido el dicho aquel de que “una imagen
vale más que mil palabras”, aunque los que tenemos el vicio de escribir sigamos
siendo partidarios de las letras.
Resumiendo: carteles, lo que se
dice carteles hay miles, pero un buen cartel tiene mucho más que tinta; los
buenos gozan de un interesante poder de seducción. Tienen impreso más allá de
lo visible una gran trayectoria artística, una historia escondida entre los trazos
que lo componen, un pedazo del alma de su autor que, entre pincelada y
pincelada deja entrever algo de lo que esconde en su interior, una voz sorda y silenciosa
que grita todo aquello que lleva dentro, pero aunque sea entre líneas, todo
está en el cartel.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






