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jueves, 3 de marzo de 2011

Preparando el carnaval


En días previos al carnaval; días de retales, patrones y tijeras, una se plantea la posibilidad de meterse en la piel de cualquier personaje sacado de cualquier chistera, para recorrer las calles de su ciudad al ritmo de las charangas carnavaleras. Por unos momentos se me pasa por la cabeza el coger los bártulos costureriles y ponerme a confeccionar un disfraz que esconda por unas horas aquello que soy el resto del año.
Brujas, piratas, animales salvajes, políticos, ladrones de guante blanco o negro, personajillos más o menos conocidos son los muchos que estos días abundan en las improvisadas salas de costura de la mayoría de las casas de la ciudad. Bajo la batuta de la modista y aflorando poco a poco de debajo del prensatelas, aparece la otra cara, el disfraz bajo el cual nos dejaremos ver en las noches carnavaleras.
No siempre busca uno el disfraz adecuado, digamos la horma de su zapato, dicho en plan sabio refranero español, aunque casi siempre nuestras preferencias pasan por aquello que nos gustaría ser. A veces se nos cuela lo que queremos esconder, que intenta salir a flote a cualquier precio, pero lo que siempre conseguimos es cambiar de personaje. Cada año la lucha por parecer otro, se vuelve más tenaz y las formas de conseguirlo, aunque sólo sea por unas horas, siempre pasa por las manos de la modista y la maquilladora que harán de un personaje anodino, un triunfador.
A los que nos gusta ir con la cara por delante, no solemos necesitar más careta que la que ya tenemos bastante vista, nos solemos apañar con la de diario. En ese caso, una visita a la mercería en busca de una nueva goma que nos permita seguir llevándola con dignidad el resto del año, será suficiente para seguir dentro del papel que nos gusta representar: el papel de “yo soy yo”, el papel de “me gusta ser como soy”

domingo, 21 de febrero de 2010

Fin del Carnaval

Imagen de consaboracanela.blogspot.com
Hoy me levanté tarde, la verdad es que estuve de fiesta en Astorga –remate final de los carnavales, con el sábado de Piñata- como ya es una tradición de toda la vida, me acerqué a la vecina ciudad a disfrutar de unos carnavales que siempre me han gustado y a los que nunca dejo de asistir. Aprovechando para echar unas charlas con mi querida amiga y disfrutar un poco más de las carnestolendas que tocan a su fin.
Como decía, me levanté tarde y como vi que todo lo que abarcaba mi vista estaba nevado, decidí meterme un rato en la cocina y hacer algunas cosillas golosas: un postre casero (tarta de queso), un bizcocho para desayunar unos cuantos días y un chocolate con churros para un domingo de nieve (por la tradición de celebrar el final del Carnaval con chocolate)… mirando de reojo la báscula que parecía recordarme mi eterna promesa de adelgazar unos kilitos.
Total, que entre los postres, los correos electrónicos del fin de semana, un paseíllo por los blogs de mis amigos y el café de media tarde con la consabida tertulia, se me pasó el tiempo y no me enteré. Supongo que es lo bueno que tienen los domingos, lo malo es que llega el lunes con más rapidez de la deseada y comienza una semana más en la que el reloj manda y no podemos poner remedio a la velocidad que lo hace. Sólo podemos hacer una cosa: disfrutar de ese tiempo al máximo.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Carnaval de La Bañeza

Parodias de todo tipo han tenido lugar en los cuatro días de Carnaval propiamente dicho, aunque hay quien dice que el Carnaval se hace todo el año. La verdad es que donde el carnaval se hace bien, como en La Bañeza, lleva mucho tiempo y mucha dedicación, pero también es verdad que hay quien sólo necesita un rato para echar un vistazo a los enseres que atesora en el baúl de años pasados y una buena dosis de imaginación, para dar rienda suelta a un personaje real o inventado que se ajusta perfectamente a sus medidas.
Dicen que para vivir el Carnaval de ese modo hay que llevarlo en la sangre y debe ser verdad, ya que ni las gélidas temperaturas, ni el cansancio, ni la crisis, ni ningún otro problema añadido –que seguro que los hay- han podido con la tenacidad de los carnavaleros de toda la vida a la hora de echarse a la calle enfundados en un traje que les hará cambiar de aspecto por unas cuantas horas, traje que muchas veces, es incómodo o difícil de llevar con la soltura que se lleva.
Ayer, durante más de dos horas pude percibir como año tras año, el espíritu carnavalero se impregna del ambiente y todos, tanto los más aficionados a los efluvios de Don Carnal, como a los menos, se nos metía en el cuerpo la sintonía con la que todo el cortejo pasaba ante la atenta mirada de miles de personas que, ateridas de frío esperábamos en las calles bañezanas para ver todo el desfile, mientras que pensábamos que un año más, la imaginación y las ganas de divertirse, superan con creces a cualquier otro problema que pueda surgir.