domingo, 17 de enero de 2010

Deseos de fin de año=obligaciones del año nuevo

Imagen de escueladeriqueza.org

Cada año me hago el firme propósito de hacer algo que debería hacer: adelgazar uno o dos kilos, ir al gimnasio, correr todos los días, hacerme un chequeo médico, escribir otro libro y tantos y tantos planes que comienzan con el final de cada año, como proyecto para el siguiente, sin embargo, la imaginación vuela demasiado rápido para los gustos del esfuerzo que implica la realización de cada una de esas obras que con cada uva se instalan en nuestro pensamiento.
Llega el día 1 y, como es festivo, las obligaciones empiezan “mañana” y así se van perdiendo los días en los que deberíamos estar cumpliendo con aquella obligación moral con la que comenzábamos el año. Estamos a 17 y todavía no me he propuesto nada de lo que pensé hacer. No sé si echarle la culpa al tiempo, a la falta de tiempo, a la confortabilidad del sofá, al exceso de actividades más gratificantes que me absorben el tiempo libre, etc. La cuestión es que todo sigue sin hacer.
He leído por ahí en unos cuantos blogs y foros por los que me suelo perder, que a todo el mundo le pasa algo parecido, a algunas personas con las que me veo y tengo oportunidad de charlar, les pasa lo mismo, por lo tanto, no debo de ser una excepción. Será que a la hora del brindis y las promesas todo es tan fácil que hasta nos engañamos a nosotros mismos.
P.D. (espero que dentro de dos o tres meses os cuente que estos proyectos los estoy llevando a cabo, del mismo modo, espero leer en vuestros blogs que estáis haciendo lo mismo)

jueves, 7 de enero de 2010

¡Cómo saben elegir los Reyes los regalos!

Cuando era pequeña, siempre me impresionaba el hecho de que los Reyes Magos siempre acertaran y, aunque siempre me dejaban más regalos útiles que juguetes, acertaban con la talla, con mi color favorito, con muñecas que no tenía o con juegos de mesa que me gustaban ya antes de abrir la caja. Conclusión: que los Reyes eran realmente Magos y conocían al dedillo los gustos, la personalidad y las necesidades de todo el mundo. A mis amigas les pasaba lo mismo.
Pues bien, este año me han dejado –además de otras cosillas- unas zapatillas que parecen hechas para mí y ese es el porqué de esta entrada. Soy Géminis y una de las características de los geminianos es esa “doble personalidad” que dicen que tenemos; esa capacidad para ser encantadores y al cabo de pocos minutos seres demoníacos. Ese Ángel y Demonio dentro de la misma persona, que a veces se interpone en medio de alguna situación creando malestar en los presentes, por aquello de dejarse llevar demasiado por el “gemelo borde”, como llamo cariñosamente a mi YO, menos simpático pero más sincero.
Tengo que reiterarme en lo que empezaba diciendo, que los Reyes son realmente Magos y “saben” con toda la certeza del mundo que no se van a equivocar al dejar en nuestras casas algún presente. En mi caso, estaban seguros al 100% que estas preciosas zapatillas estaban hechas para mí. Gracias Reyes Magos, por ser tan inteligentes y conocerme tan bien. Un beso enorme.

martes, 22 de diciembre de 2009

Llega la Navidad


No sé si cada año me gusta menos la Navidad, o que cada año trato de no sucumbir a sus encantos, el caso es que me resisto al hecho de que cada año llegue antes. No sé si por suerte, por desgracia o por interés de las grandes superficies y todo aquel que vende artículos relacionados con la Navidad, pero el caso es que cada año “llega antes”. A finales de octubre vemos como las tiendas se empiezan a llenar de turrones y adornos navideños en ese afán por recordarnos que la Navidad está a la vuelta de la esquina, cuando en realidad quedan aún unas cuantas semanas.
En estas fechas en las que el sorteo de la lotería abre de par en par las puertas de la Navidad, muchos estamos saturados de lucecitas de colores, villancicos, turrones y mensajes navideños llenos de buenos deseos y con promesas de llamarnos, querernos y recordarnos “más que nunca”. Todavía no tengo claro si me gusta o la odio.
La verdad es que me hace ilusión el reencuentro con la familia y con algunas amistades a las que sólo veo en estas fechas, además del “espíritu navideño” que impregna los hogares en estos días, pero cuando pienso que nos la “meten por los ojos” cada año un poco antes, me asquea el hecho de que todos nos dejemos llevar por esta vorágine y nadie sea capaz de poner freno a esta epidemia de besos y abrazos a la que no podemos escapar.
De todas formas, desde mi blog, hoy día 22 de diciembre y no hace mes y pico, aprovecho estas líneas para desearos a todos los que me visitáis una feliz Navidad, mi deseo para esta Navidad es que todos vuestros deseos se hagan realidad. Gracias a todos por seguir ahí y por aguantarme.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Volver

Imagen de saborysinsabor.blogspot.com
Cuando Herminia regresó a casa habían pasado demasiadas cosas. Su marido, gravemente enfermo, estaba dispuesto a perdonar todas sus infidelidades con tal de que volviera a ocuparse del negocio, y conseguir que volviera a ocupar el número uno del ranking de empresas de la ciudad, como siempre había sido. Necesitaba que se hiciera cargo del negocio que algún día heredarían sus hijos como él lo había hecho hace unas décadas.


Arturo no sabía mucho de los devaneos de su esposa, aunque intuía sus andanzas- la conocía demasiado para llevarse sorpresas después de tantos años de matrimonio- sabía que era una devora hombres y nunca había puesto remedio a la situación. Él necesitaba una esposa para mostrar en sociedad y ella se vendió por unos cuantos millones que él atesoraba en la cuenta de ahorro. El contrato se había respetado. La fidelidad era simple palabrerío del cura a la hora de hacer efectivo el matrimonio. Un detalle que a ninguno de los dos quitaría el sueño.


Los padres de Arturo, sabedores de que su hijo era un crápula, le exigieron sentar la cabeza y llevar una vida digna de un Sanz de la Peña y a él no le quedó más remedio que buscar una esposa al gusto de sus padres. Ninguna de las amigas que amenizaban sus días y sus noches hubiera sido bien recibida en la mansión familiar, por eso Arturo aprovechó unas vacaciones en la sierra de Gredos para “comprar” una esposa deslumbrándola con sus dotes de trovador y los ceros de su cuenta bancaria. Una chica mona pero sin recursos económicos.


Herminia puso muchas condiciones para volver con su marido, a pesar de que de los ceros de la cuenta bancaria ya había dado buena cuenta hacía años, sin embargo, las palabras de su hija pequeña suplicándole que volviera no se las podía apartar del pensamiento. Lo haría, volvería a ocuparse del negocio y de sus hijos adolescentes que en breve se quedarían solos y la necesitaban, aunque en el fondo ella tenía otros planes. Seguía teniendo un cuerpo diez y seguía siendo guapa a pesar de los años. No pensaba vestirse de luto y enterrarse en vida por complacer a los suyos.


En la ciudad de provincias en la que tenían la residencia familiar todavía se la recordaría como una señora, aunque muchos de los hombres de su clase social y numerosos de otra inferior, habían pasado por sus aposentos y conocían sus debilidades. Guardaba los teléfonos y direcciones de algunos apartamentos en los que, años atrás, había dado rienda suelta a su pasión. Quizás todavía alguno quisiera poner una nota de color a su triste vida de mujer gris atada a un marido que, con los años, se había vuelto introvertido y manipulador.


Herminia atravesó el umbral de la puerta con la maleta llena de desilusión. Nunca pensó tener que volver. Atrás quedaban los momentos vividos en Suecia con Karl. Nadie notó la amargura que destilaban sus ojos, pero ella sabía que su historia de amor había tocado a su fin, sus ahorros se habían esfumado en compañía del gigoló que durante años la hizo sentir una reina a pesar de doblarle la edad. Su única esperanza seguía siendo su –todavía- marido. Si encima él la necesitaba, tenía un tanto a su favor.

martes, 24 de noviembre de 2009

Día internacional contra la violencia de género



Como mujer y como persona me duele que tenga que hacerse un “día de…” por algo tan grave y tan ruin como la violencia de género, pienso que los “días de…” deberían ser días para recordar algo bueno, algo que haya marcado nuestras vidas o una efeméride digna de recordar, pero por desgracia, las cifras nos obligan a designar y tener en cuenta este tipo de días en los que el recuerdo no es precisamente de algo grato sino todo lo contrario.
El 25 de Noviembre, es un día en el que tenemos que dar gracias por no habernos encontrado en nuestro camino con un personaje de este tipo que nos haya hecho engrosar esas listas de mujeres maltratadas y asesinadas, pero tenemos aprovechar ese día para apoyar a todas aquellas que no han tenido la misma suerte y tenderles la mano, porque cualquiera de nosotras podría estar sufriendo lo mismo.
Ellas son mujeres normales, mujeres que están ahí, al otro lado de la pared, o puede ser nuestra mejor amiga la que está viviendo una pesadilla así y necesita nuestro hombro para llorar. Tenemos que ser solidarias y yo he pensado desde mi blog, poner mi granito de arena para que este día se deje de recordar. Que se erradique de una vez la violencia de género y que todos esos maltratadores reciban un castigo equiparable al daño que han cometido -aunque muchas veces no pase del daño psicológico-.
Espero que esa cifra de 46 mujeres asesinadas en lo que va de año, se quede ahí y en los próximos años se reduzca a cero, porque ninguna mujer se merece algo así.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Otro otoño más

imagen de fondosgratis.com.mx
Siempre en estas fechas, unas ganas enormes de escribir se apoderan de mis dedos y de mi mente. Las historias surgen como proyectiles disparados por un arma imaginaria y empapan hojas y hojas de textos que muchas veces acaban en la papelera y otras sirven para que, al menos yo, les dé carta blanca para pasar a engrosar la carpeta donde los escondo.
Siempre me pregunto por qué en otoño tengo más ganas de escribir y todo me sale mejor que en otras épocas del año y nunca he podido conseguir una explicación que me deje satisfecha. Alguien me contó una vez que le pasaba algo parecido y entre café y café llegamos a la conclusión de que sería por aquello de la “caída de la hoja” que nos vuelve a todos más sensiblones y más bohemios. No sé la razón, pero siempre me pasa.
De ese modo y a pesar de que es la época del año en la que menos tiempo libre tengo, siempre consigo, al menos empezar, decenas de trabajos que, pacientemente esperan en algún lugar esperando tener “luz verde” para lanzarse en busca de lectores a los que no les importe ojear las deliberaciones de una aprendiz de cuentacuentos.
Algunos los termino, unos los deshecho porque se parecen demasiado a otros, escritos en tiempos pasados y otros muchos se quedan olvidados o se van colocando a la cola para llegar a mi rincón y engañar el blog de cuando en cuando. Siempre dejo alguno en el tintero para guardar “por si acaso…”, digo yo que me quedarán todavía muchos otoños y nunca se sabe…
Gracias por leer mis deliberaciones.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Eva

Imagen de hastaotrodia.wordpress.com
23 años han pasado desde que mi amiga Eva y yo nos dejamos de ver. Supongo que ha sido la vida, la que nos ha llevado por derroteros distintos y sin dejarnos un número de teléfono o una dirección a la que mandarnos una postal por Navidad. Muchos recuerdos compartidos en más de diez años de bonita amistad.
No tengo ninguna duda de que ella se acordaría de mí muchas veces desde su nuevo lugar de residencia , yo me acordaba de ella cada vez que iba al pueblo y veía la casa de sus padres o a alguien de su familia; más o menos dos, tres o más veces al mes. Compartimos estudios, peleas, algún “amigo especial”, juegos, confidencias, secretos y sueños, malos y buenos momentos mientras íbamos despertando a la adolescencia y dejábamos de ser niñas para separarnos irremediablemente.
Una escueta visita para conocer a su sobrino, la trajo de nuevo a su tierra leonesa hace unos siete años y pudimos fundirnos en un abrazo al tiempo que nos contábamos algunas cosas de nuestras respectivas vidas, sin embargo, el escaso tiempo y la distancia habían hecho mella en aquella confianza y facilidad de contar nuestros secretos más íntimos. Nos despedimos sin teléfono, sin mail, sin correo postal…, a pesar de que la distancia que nos separaba era de escasos 200 kilómetros…
Hace unos días la vi. Había regresado sin billete de vuelta, para hacerse cargo de un negocio en una ciudad cercana que la mantendría ocupada por un tiempo indefinido. Debido a las prisas, sólo pudimos compartir un café y unas cuantas confidencias, pero las dos sabemos que hemos colocado un punto y seguido en nuestra amistad, que nos veremos a menudo y que la llama de la amistad seguirá encendida porque tenemos muchas cosas que compartir.

Un beso enorme para ti, Eva. Te deseo lo mejor; lo sabes…