sábado, 13 de abril de 2013
Día del beso
Me hace mucha gracia eso de que
se tenga que celebrar “algo” en determinado día. Siempre me he metido mucho con
San Valentín –y en este blog sois testigos de ello-, porque prefiero celebrar
el amor cada día y no el día que deciden las grandes superficies. No entiendo
que hoy, por ser el día D, sea diferente a ayer que no lo era, pero como parece
ser que todos los días y a todas las situaciones hay que dedicarles un día,
tenemos días de todo tipo y para todos los gustos.
Pues, cuál será mi sorpresa que
andaba yo facebookeando y me encontré con la novedad de que hoy, 13 de abril,
era el Día Internacional del beso… [….] así me quedé yo… atontá. El caso es que
me acordé de mi blog recientemente (prometido) reinaugurado y decidí ponerme
manos a la obra a escribir sobre este tema tan, tan, tan… tan de actualidad,
teniendo en cuenta que hoy es 13 de abril, Día Internacional del Beso. (Me
imagino que sólo de los besos de película, o de besos en general; a saber).
Rápidamente me puse a buscar en
internet de qué iba todo eso del día del beso y me encontré con que “ese beso”
que dio origen a toda esta historia fue un beso ¿he dicho beso?, no, beso no, superbeso
que duró 46 horas, 24 minutos y 9 segundos… ahí es nada; de lo que no me pude
enterar es de quienes fueron los autores que fueron capaces de estar ahí
pegados tanto tiempo, pero eso es otra historia.
Y teniendo en cuenta que se deben
celebrar esos días D y los múltiples beneficios para el cuerpo y la mente que
puede proporcionar un buen beso, yo me pregunto: ¿dónde andará mi príncipe azul
que no está aquí para darme uno de esos besos dignos de entrar en el Guiness?
domingo, 31 de marzo de 2013
Ni fallos meteorológicos, ni brujas, ni adivinos; este tiempo está loco

Artículo publicado en Ibañeza.es
A raíz de mi artículo publicado en la última edición de la revista Pasión Nazarena, han sido muchas las menciones que he tenido con amigos y conocidos sobre el recurrente tema de la lluvia y, de forma indirecta ha sido la lluvia y las alusiones a la misma los que me han proporcionado el tema de esta columna, por si viene al caso. En el citado texto –para quienes no hayan tenido ocasión de leerlo- hablo sobre el tema de la lluvia que ya parece ser un clásico de la Semana Santa. Las tres últimas han estado pasadas por agua y -a lo largo de ésta- nos ha demostrado que es juguetona y le gusta “llevar la voz cantante”.
Días antes de dar comienzo a la Semana Santa mientras charlaba con Luis Santos -siempre en plan de guasa-, me comentó algo acerca de mi “fijación” con la lluvia, ya que no era el de este año el único artículo de Pasión Nazarena en el que mencionaba “el terror de las procesiones”. La conversación avanzó por distintos derroteros -siempre relacionados con la lluvia y las adivinaciones- hasta que llegamos a la época en la que las brujas -o sospechosas de serlo- eran detenidas y quemadas en la plaza pública; algo muy común en mujeres con un estilo parecido al mío y con dotes -que, más quisiera yo tener- de adivinación.
Rápidamente vi en sus ojos un brillo sospechoso y a ambos nos asaltó una risa malévola. El caso es que sin mediar palabra uno supo lo que pensaba el otro. -Ah, no, no- dije yo: para mí no mires. –No, no, dijo Luis- antes que tú deberían pasar muchos y muchas por la hoguera, así que tú tranquila, mientras que seguíamos riéndonos por la ocurrencia de no se sabe quién de los dos. Yo me quedé con la coletilla y, en otros ambientes, no pude evitar contarlo para hacer una gracia, mientras que decía “que me van a echar a mí las culpas de la lluvia”.
Días después, no he dejado de tenerlo en mi mente, como posible candidato a mi próxima columna -por variar un poco y no hacer un resumen de la Semana Santa así, a palo seco- o diciendo lo bonitas que están las imágenes adornadas con las flores, o que las túnicas son demasiado cortas, o los looks de… no, eso no. Eso ya lo digo todos los años y si de algo me gusta pecar, es de innovadora y no ser repetitiva; este año me apetecía enfocar mi artículo semanasantero de otra forma y la tengo gracias a mi conversación con Luis.
Pero ahora, después de cotejar datos de la tele, del tiempo por horas, de lo que decían por ahí y -lo más importante- de mirar continuamente al cielo, he llegado a la conclusión de que no solo no tienen nada que ver mis “predicciones”, sino que las de los expertos también han sido lo suficientemente erróneas para que los días que predecían lluvias, saliera la procesión sin problema y los días que aseguraban que no llovía, llegaran los braceros corriendo a la capilla. En fin, que me cuesta mucho creer que los avanzados sistemas meteorológicos fallen, mucho más que sea cosa de brujas o adivinos -eso era el recurso fácil para el chiste-; la realidad va a ser que el tiempo está loco.
martes, 26 de marzo de 2013
Ayer me dio un arrebato de nostalgia y recordé de repente este blog abandonado. -No puede ser- me dije. Hace unos años actualizaba una o dos veces por semana y era como ese cuaderno donde escribía todo lo que no podía decir de viva voz. Vosotros, mis seguidores, érais como esos amigos invisibles que a cualquier hora estábais ahí para saludarme y comentar alguna de mis historias. Yo entraba en vuestras "casas" en cualquier momento para dejar mi saludo, con la certeza de que era bien recibida. Así creamos una especie de tertulia que poco a poco hemos ido dejando en el olvido.
Pero llegó el momento de las añoranzas y he decidido desempolvar el mantel, las tazas, las pastas ...y la ironía, para volver a estar aquí. No pienso prometer nada que luego no lo cumplo (que me conozco), pero la idea es seguir actualizando este blog -como si no hubiera pasado nada-, dándole un pequeño giro y tratando de ser un poco más fiel que los últimos años que-por cierto- no he publicado nada desde hace más de un año y eso no puede ser.
Algunos que seguís mi trayectoria por Facebook, ya lo sabéis, pero para todos los demás, deciros que escribo una columna de opinión en un periódico digital: ibañeza.es y ahí me podréis encontrar. De hecho he compartido alguna de ellas en este blog, pero últimamente he dejado de hacerlo sin darme apenas cuenta. En fin, que no pienso prometeros nada, pero que intentaré ser un poco más constante. Al fin y al cabo, este blog ha sido mi vía de escape durante un largo periodo de mi vida y quiero seguir conservándolo, y con él, a todos vosotros.
Hasta pronto.
Pero llegó el momento de las añoranzas y he decidido desempolvar el mantel, las tazas, las pastas ...y la ironía, para volver a estar aquí. No pienso prometer nada que luego no lo cumplo (que me conozco), pero la idea es seguir actualizando este blog -como si no hubiera pasado nada-, dándole un pequeño giro y tratando de ser un poco más fiel que los últimos años que-por cierto- no he publicado nada desde hace más de un año y eso no puede ser.
Algunos que seguís mi trayectoria por Facebook, ya lo sabéis, pero para todos los demás, deciros que escribo una columna de opinión en un periódico digital: ibañeza.es y ahí me podréis encontrar. De hecho he compartido alguna de ellas en este blog, pero últimamente he dejado de hacerlo sin darme apenas cuenta. En fin, que no pienso prometeros nada, pero que intentaré ser un poco más constante. Al fin y al cabo, este blog ha sido mi vía de escape durante un largo periodo de mi vida y quiero seguir conservándolo, y con él, a todos vosotros.
Hasta pronto.
lunes, 13 de febrero de 2012
San Valentín, amor con forma de corazón

Artículo publicado en Ibaneza.es
No me acuerdo del enfoque que le di el pasado año al artículo sobre San Valentín, pero me lo imagino, porque sigo pensando igual, pero este año voy a dejar a un lado los motivos y me voy a situar en las formas y colores, dejando a un lado esa “obligación de regalar para demostrar calidad y cantidad en el amor”… Sigo pensando que el amor se demuestra todos los días sin tener que hacer un regalo comparable al cariño recibido a cambio.
Llevamos casi un mes rodeados de la propaganda de las tiendas de regalos, no solo esas que se han inventado el día, sino todas las grandes y pequeñas tiendas que se han ido sumando a la genial idea que les permita terminar febrero con saldo positivo, aún a costa de hacer creer a los enamorados que hoy se quieren más que ayer, solo por ser San Valentín o porque el menú tenga forma de corazón, que -después de todo- es más atractivo a la vista.
Que en tiempos de crisis hay que agudizar el ingenio no es ningún descubrimiento mío; todo el mundo sabe que en épocas de austeridad nacen grandes negocios gracias a las ideas que no nos queda más remedio que sacar de cualquier parte y poner en práctica. Surgen las manualidades, la costura, la decoración, la repostería casera… todo hecho de forma más o menos experta, pero eso sí, todo tiene que ser de color rojo y con forma de corazón.
Tartas, galletas, llaveros, marca páginas, cojines…, todo tipo de enseres y artilugios pululan por todas partes en un arrebato de ser el más original y el más copiado, pero todo, tenga la forma que tenga, acaba adoptando la forma de corazón. Las confiterías, las tiendas de regalos, los restaurantes, las floristerías… se llenan de corazoncitos para festejar al santo del amor, en el día del amor por excelencia.
Pasará la noche cargada de regalos, cenas, corazoncitos y promesas de alcoba y mañana, que ya habrá pasado la fiebre sanvalentinera, todo volverá a la normalidad. Ese amor desmedido -en muchos casos- volverá a la rutina y dejará las carantoñas y regalos obligatorios para el próximo San Valentín que, dicho sea de paso, ya es momento de ir contando los días y volviendo a mirar las vitrinas de las tiendas de regalos o las manos de las amigas, porque ya queda menos.
Llevamos casi un mes rodeados de la propaganda de las tiendas de regalos, no solo esas que se han inventado el día, sino todas las grandes y pequeñas tiendas que se han ido sumando a la genial idea que les permita terminar febrero con saldo positivo, aún a costa de hacer creer a los enamorados que hoy se quieren más que ayer, solo por ser San Valentín o porque el menú tenga forma de corazón, que -después de todo- es más atractivo a la vista.
Que en tiempos de crisis hay que agudizar el ingenio no es ningún descubrimiento mío; todo el mundo sabe que en épocas de austeridad nacen grandes negocios gracias a las ideas que no nos queda más remedio que sacar de cualquier parte y poner en práctica. Surgen las manualidades, la costura, la decoración, la repostería casera… todo hecho de forma más o menos experta, pero eso sí, todo tiene que ser de color rojo y con forma de corazón.
Tartas, galletas, llaveros, marca páginas, cojines…, todo tipo de enseres y artilugios pululan por todas partes en un arrebato de ser el más original y el más copiado, pero todo, tenga la forma que tenga, acaba adoptando la forma de corazón. Las confiterías, las tiendas de regalos, los restaurantes, las floristerías… se llenan de corazoncitos para festejar al santo del amor, en el día del amor por excelencia.
Pasará la noche cargada de regalos, cenas, corazoncitos y promesas de alcoba y mañana, que ya habrá pasado la fiebre sanvalentinera, todo volverá a la normalidad. Ese amor desmedido -en muchos casos- volverá a la rutina y dejará las carantoñas y regalos obligatorios para el próximo San Valentín que, dicho sea de paso, ya es momento de ir contando los días y volviendo a mirar las vitrinas de las tiendas de regalos o las manos de las amigas, porque ya queda menos.
Hermandades deshermanadas
Artículo publicado en Ibaneza.es
Cuando algo se rompe por completo resulta casi imposible volver a unirlo y que no se note, a pesar de las intenciones. Y es que, por muchos métodos adhesivos que se utilicen, siempre se acabará notando la fisura y correrá el peligro de volverse a resquebrajar. Y si una hermandad se deshermana poco habrá que vuelva a juntar cabezas y voluntades, aunque el ideario, los fines y el modus operandi sigan siendo los mismos.
No pretendo echar leña al fuego ni sacar a relucir trapos sucios de nadie, ya que el deshermanamiento de los dos grupos de águedas de la ciudad data de hace muchos años y no seré yo quien ponga en tela de juicio las razones que las llevaron a dividirse; además, pienso que hemos de respetar las decisiones de quienes estaban allí y llegaron a la medida que llegaron de forma acertada o equivocada.
Si algo pasó o dejó de pasar es algo que solo compete a quienes, en su momento, decidieron dividir el grupo y honrar a su patrona por separado, pero lo que sí me parece un argumento de película de Almodóvar es la escena que tuvo lugar en el salón de plenos este domingo, muchos años después del asunto de la separación, y ante las autoridades y los medios de comunicación entre otros espectadores.
Por un lado las águedas de El Salvador, argumentando más legitimidad y antigüedad, pretendían que las de Santa María hicieran su fiesta otro día. Al no dar ninguna el brazo a torcer, unas y otras hicieron su fiesta el mismo domingo sin entorpecerse unas a otras ni ser dignas de más o menos halagos por parte del regidor en funciones, hasta que la Águeda Mayor de las de El Salvador se despachó a gusto contra las otras y contra algunos periodistas, criticando las crónicas de sus periódicos.
Por su parte, la homóloga de Santa María, en su condición de portavoz, se refirió a las virtudes de la santa, al agradecimiento por el bastón de mando y al deseo de pasarlo bien, omitiendo en todo momento tan bochornoso espectáculo y dejando clara su elegancia y su saber estar ante las quejas que terminaron siendo el tema en todos los corrillos de la plaza Mayor y en los periódicos del día siguiente, mientras los músicos, ajenos a la discordia, tocaban jotas para quitar peso al asunto.
Hoy vuelven los periódicos a dar más información y detalles acerca de este asunto y, entre otras cosas, eso no habla bien de La Bañeza, señoras. Aunque es la pura realidad, está ahí y quienes tengan que sentirse mal u orgullosos de su forma de proceder tienen mucho tiempo por delante. Pero hemos sido el hazmerreír de la provincia y si no se lo creen pregunten fuera de la ciudad.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Porque es Navidad

Parece ser que es en Navidad cuando tenemos que ser más solidarios, mejores personas, mejores amigos que el resto del año. .. Es en estas fechas cuando proliferan las felicitaciones esas que van de correo en correo y tienen la virtud de hacer que nos sintamos más queridos, cuantas más tarjetitas nos lleguen. Llamamos a quienes no recordamos el resto del año y tenemos la obligación de hacer un regalo, solo porque es Navidad.
Aunque no quiero caer en el tópico y felicitar las fiestas así, a secas, no me queda más remedio que unirme a esos cientos, miles, millones de personas que en estos días sienten que su vida cambia, solo por ser Navidad. Quiero dejar a un lado la melancolía y mirar de frente a estas fechas en las que se espera que todos participemos en esa comedia para la que nos han designado un papel: el papel de la sonrisa permanente. El papel de la hipocresía cuando felicitamos por la calle a nuestro peor enemigo –porque es Navidad-.
Al final he de reconocer que algo me gustan las navidades y no quiero dejar para mañana esto que estoy haciendo en estos momentos, porque mis amigos no se merecen una No-felicitación por mi parte. Mañana disfrutaré del momento con las personas que más quiero y a todos vosotros quiero desearos lo mejor para estos días; porque es Navidad.
Esta noche esperaré con los ojos cerrados que alguno de los deseos que escondo en mi pensamiento se realice, porque a mí también me gusta soñar y, como le acabo de decir a un amigo, yo también “miraré a los ojos a ese personaje, con el que llevo soñando mucho tiempo y aprovecharé para pedirle eso que me quita el sueño” porque es Navidad.
Feliz Navidad a todos los que os pasáis por aquí en alguna ocasión.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Tranquilas, la princesa también se equivoca

Imagen de fashionismyprofession.blogspot.com
Artículo publicado en Ibañeza.es
Mucho se especula sobre los cánones marcados por el protocolo a la hora de asistir a actos públicos, el buen gusto y los colores o determinadas prendas de vestir que, tanto por exceso como por defecto, indican la vulgaridad de quien piensa que todo vale y aquella frase de “aquí me conocen todos” que ministros, consortes de mandatarios o miembros de casas reales, tienen que pasar por la censura de los expertos en más de una ocasión y éstos no son nada benevolentes a la hora de hacer sonrojar a la princesa por desafiar al protocolo o repetir modelo.
Las instituciones, sean de la índole que sean, merecen un respeto y cualquier personaje al que vayamos a saludar enfundados en el traje equivocado, se merece un respeto que no estamos ofreciendo. Es por eso que han hecho su aparición en nuestras vidas los estilistas, los asesores de imagen, los expertos en protocolo, los personajes del colorín y todos aquellos que nos puedan dar una pista que seguir para dar en el clavo en cada uno de los eventos a frecuentar. El resto lo pone el interesado donde, como y cuando puede…
Hay quien piensa que con un traje completo ya tiene para cuantos eventos tenga en su vida, sin tener en cuenta que no es lo mismo una boda de tarde que una de mañana y que no es lo mismo ser la madrina, la madre de la novia, la amiga, la hermana o la invitada de compromiso; parece una tontería, pero hay que ojear unas cuantas revistas más para conocer los secretos de este mundillo y evitar seguir metiendo la pata. Así tendremos algo de qué hablar y las revistas seguirán criticando a la princesa o a la ministra otra vez más por no haber sabido estar a la altura.
Los diseñadores caros cambian trajes por dinero y, quien tiene disponibilidad económica para comprar uno de esos atuendos que nos pueda convertir en princesas, debería invertir en un buen espejo -seguramente más barato que el traje de firma- y le dé el uso que precisa para dar el toque final al conjunto, que no suele estar incluido en el lote, aunque se respeten las “normas” al cien por cien; el buen gusto, el glamour y el estilo suelen adquirirse aparte.
Pero es tan fácil como mirar alrededor, tomar nota mental de todo lo que quien sabe más que nosotros nos enseña y copiar, que aunque quede feo, hay veces que no se nota. Sin embargo, hay que mantener las ideas propias y el estilo personal siempre por encima, porque hay mucha famosa y aristócrata con dinero, estilistas y amigos diseñadores, que parece que las vistió el enemigo; nada mejor que el propio espejo para formular un veredicto justo.
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