No sé si cada año me gusta menos la Navidad, o que cada año trato de no sucumbir a sus encantos, el caso es que me resisto al hecho de que cada año llegue antes. No sé si por suerte, por desgracia o por interés de las grandes superficies y todo aquel que vende artículos relacionados con la Navidad, pero el caso es que cada año “llega antes”. A finales de octubre vemos como las tiendas se empiezan a llenar de turrones y adornos navideños en ese afán por recordarnos que la Navidad está a la vuelta de la esquina, cuando en realidad quedan aún unas cuantas semanas.
En estas fechas en las que el sorteo de la lotería abre de par en par las puertas de la Navidad, muchos estamos saturados de lucecitas de colores, villancicos, turrones y mensajes navideños llenos de buenos deseos y con promesas de llamarnos, querernos y recordarnos “más que nunca”. Todavía no tengo claro si me gusta o la odio.
La verdad es que me hace ilusión el reencuentro con la familia y con algunas amistades a las que sólo veo en estas fechas, además del “espíritu navideño” que impregna los hogares en estos días, pero cuando pienso que nos la “meten por los ojos” cada año un poco antes, me asquea el hecho de que todos nos dejemos llevar por esta vorágine y nadie sea capaz de poner freno a esta epidemia de besos y abrazos a la que no podemos escapar.
De todas formas, desde mi blog, hoy día 22 de diciembre y no hace mes y pico, aprovecho estas líneas para desearos a todos los que me visitáis una feliz Navidad, mi deseo para esta Navidad es que todos vuestros deseos se hagan realidad. Gracias a todos por seguir ahí y por aguantarme.